Monday, November 3, 2014

11

La excusa perfecta para disfrazarte y asustar a todo el que se cruza en tu camino. Para ver una película de miedo con la luz apagada. Para comer caramelos. Para poner calabazas por todas partes.
Buscar el disfraz perfecto. Disfrazarte con alguien, ya sea tu pareja o tu grupo de amigos. Los disfraces conjuntos siempre triunfan. Maquillarse los unos a los otros. Pasártelo mejor en el simple momento de pensar, buscar y ponerte el disfraz que una vez estás preparado.
Porque aquí eso de Jalogüin no se lleva, nadie compra caramelos que repartir después de eso de “truco o trato”. Pero si te gusta disfrazarte y ponerte un poco más macabro de lo habitual, te da igual.
Ya sea disfrazado en casa de un amigo o familiar, saliendo a comprar y viendo las tiendas decoradas, viendo una peli solo en casa, comiendo pizza como un viernes cualquiera o riéndote con los disfraces de los famosos.
A lo mejor estoy demasiado americanizada. Puede que simplemente me guste la oscuridad y todo lo relacionado con ella. O me gusta reírme de la gente que se disfraza con una sábana porque no pensaba hacer nada.
Pero sí, soy de las que disfruta en ese día aunque no tenga plan. Aunque si hay algo especial, mejor.
Como esa vez que fuimos en grupo a una casa en mitad de la nada y decidimos que había que hacer algo por Halloween. Porque iba a hacer frío, anochecería pronto y ahí, aislados del mundo, la inquietud de la situación iba a ser mayor.

Y así, sin más, nos disfrazamos en las habitaciones del hotel para que los que iban a recibir la sorpresa no sospecharan. Luces apagadas, música de fondo, la luz de la luna volviendo la sala aún más tétrica. Salas con decoración ya pasada de moda, azulejos de esos que ya se consideran reliquias, puertas que crujen y suelos de madera.






Motivo número 11
para ser feliz


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