Monday, October 13, 2014

8

Dicen que son la familia que eliges, ese grupo de personas que no tienen ningún vínculo contigo en un principio pero que acaban siendo una parte importante de ti mismo.
No necesitas buscarlos para que aparezcan. No necesitas llamarlos para que te consuelen. No necesitas pedirles nada para que te den un simple abrazo. Están ahí, siempre, a tu lado, para levantarte cuando te caes y hacerte sonreír cuando lloras. Te dicen la verdad y no lo que quieres oír, porque es mejor una verdad dolorosa que una gran mentira.
Ni se compran, ni se venden, ni se prestan. Se ganan. Si quieres uno el primer paso a seguir es convertirte tú mismo en uno, porque sino la relación no tendría sentido.
Se presentan en muchas y diferentes formas. Desde grandes personas que siempre tendrás presentes en tu vida; hasta personas que considerabas insignificantes y, en poco tiempo, se vuelven parte del aire que respiras.
Aunque muchos lo piensen, no necesitas verle todos los días o todos los meses para que siga ahí contigo. Si el sentimiento permanece, nada habrá cambiado cuando os reencontréis.
Tampoco hace falta un primer encuentro para que surja. Mi experiencia personal me ha enseñado que esas personitas que conoces por casualidad gracias a las redes sociales (bendito Twitter) pueden convertirse más importantes que las que ves a diario. Y, a pesar de lo que muchos creen, la relación sigue el mismo proceso que seguiría en persona. Conoces a alguien, te llama la atención, habláis, os conocéis, habláis más, os contáis la vida, encajáis… y os conocéis personalmente.
Debo decir que he vivido pocos momentos tan o más mágicos que ver a alguien que te importa tanto por primera vez. Abrazar a esa persona por primera vez, ver cómo es delante de ti, poder hablar en persona…
Y no siempre todo va bien, a veces las cosas fallan, tanto en una relación normal como en una empezada por internet. Os separáis porque evolucionáis en direcciones diferentes y ya no tenéis tanto en común.
Pero otras veces, milagrosamente, evolucionáis en la misma dirección y, no solo eso, sino que hacéis amigos mutuos y creáis vuestra propia pandilla. Una con un nombre estúpido que no tiene explicación con la que quedar cada fin de semana a no hacer nada salvo reír.
Salir a dar una vuelta y acabar en el mismo Dunkin de siempre. Mirar una tienda que os interesa y acabar media tarde allí metidos porque todo os gusta. Buscar rincones nuevos en los que hablar tranquilamente. Sentarse en un banco y acabar en el césped porque sois demasiados y no os veis la cara. Improvisar y ponerse a jugar a las películas porque, ¿por qué no? Que salgan respuestas disparatadas.
Contar cómo te ha ido la semana y obtener respuestas. Consultar un problema y sacar un consejo por persona que te ayude a afrontarlo. Compartir música, libros, películas, series… Ir a un concierto en grupo, vivir una experiencia inolvidable que os unirá para siempre.



Motivo número 8 para ser feliz:

1 comment :

  1. Uno de los mejores motivos para ser feliz de este mundo.
    Casi se me escapa la lagrimilla cuando vi la foto del post :3 La adoro

    ReplyDelete