Monday, September 22, 2014

5

Siempre he sido lo que se considera rancia. Es decir, que no me gustan las muestras de cariño, soy de mantener las distancias. Podría reducirse en que no me gusta que me toquen.
Pero admitamos que pocas cosas en este mundo sientan tan bien como un abrazo bien dado.
Hay muchos tipos de abrazos, tantos que dudo conocerlos todos. Estás los abrazos entre familiares, entre amigos, entre personas que se reencuentran. Abrazos incómodos, abrazos llenos de amor, abrazos dados por sorpresa. Abrazos que se dan sin pedirlos, abrazos que consuelan.
Da igual cómo te sientas, los abrazos siempre son la respuesta. Y resulta irónico que yo, una persona que apenas los da o los recibe, diga esto pero es así.
Hay momentos en los que me encuentro tan mal, tan abatida, que no me apetece hacer nada. Me noto apagada, como si la gente a mi alrededor apenas pudiera verme. Y es en ese preciso momento en el que daría mi vida por un abrazo, aunque fuera uno pequeñito y sin relevancia.
Hay momentos en los que, sintiéndome así, alguien se da cuenta de que estoy demasiado lejos de este suelo que pisamos y decide que lo mejor que puede hacer es darme un abrazo. Porque sí, porque le apetece y… no sé, debe pensar que lo necesito. Y entonces yo me asusto, lo rechazo al principio porque es como soyo como se supone que debo ser—, pero entonces me doy cuenta de lo mucho que deseaba algo así y me dejo llevar, aunque sea brevemente.
Los abrazos pueden significar tantas cosas. Adiós, hasta pronto, lo siento, te quiero, gracias, te echaba de menos, no me dejes ir, no quiero irme, voy a echarte de menos, vuelve pronto… Pero siempre son un gran respiro.
A veces los abrazos suplen las palabras porque las palabras no expresan lo suficiente. Otras no sabes cómo expresarte y, como sabes que un abrazo lo hará mejor que tú, abrazas y no sueltas. Hay momentos incluso en los que no sueltas, porque no puedes, porque soltar significa dejar ir y prefieres quedarte así pegado para siempre. Se me antoja una preciosa forma de morir: abrazado a lo que más quieres.
Parecerá una tontería pero los abrazos son algo tan íntimo. Te dejan al descubierto, como si desnudaras tu sentimientos en apenas unos segundos. Al igual que si abrazas por compromiso el abrazos se vuelve incómodo y la persona abrazada lo nota, abrazar poniendo toda tu alma en ese contacto también se hace obvio.
Por eso si no quieres abrazar no abraces. Si te fuerzan a abrazar no será un abrazo de verdad. Pero si lo sientes, si ves a alguien y de repente te viene a la cabeza un simple pensamiento “necesito abrazarte”, lánzate. No te contengas. Déjate llevar, deja saber que anhelabas esos brazos.
Abraza con el alma y serás un poquito más feliz. Parece fácil, ¿verdad?
Motivo número 5 para ser feliz:

1 comment :

  1. Me pasa igual que a ti. Soy de mantener las distancias en cuanto al contacto físico. Pero los abrazos, depende de quien, te dan la vida en un momento dado.
    Una de las mejores cosas del mundo son los abrazos de mi sobrinos, especialmente el pequeño :3

    ReplyDelete