Monday, September 1, 2014

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Creo que no ha habido un solo momento en mi vida en el que no haya tenido una banda sonora acompañándome.
Mi madre suele contarnos cómo ponían música clásica en casa cuando estaba embarazada de nosotros porque ayuda al feto a desarrollarse. Ya desde antes de nacer nuestros padres nos inculcaron la cultura musical, haciendo que calara hondo en nosotros.
Solían ponernos música de fondo mientras comíamos, aunque aún no he obtenido un motivo válido para hacerlo, y mis padres siempre solían tararear cualquier melodía por casa. No cantan especialmente bien, pero siempre había algo musical envolviendo la casa.
Aún recuerdo cómo en la guardería cantábamos a todas horas, mi profesora usaba la música como método de aprendizaje. A mi hermano incluso le dieron una cinta con las canciones que cantaban en clase y que nos ponía a todas horas.
Cuando viajábamos en el coche el silencio nunca existía. Mi madre se pasaba las horas muertas del día anterior a los viajes largos grabando en cintas los CDs que más nos gustaban. En cuanto subíamos al coche pedíamos casi a voces que pusieran música, aunque en aquél entonces no sabíamos qué queríamos oír y eran nuestros padres los que elegían.
El gusto musical de toda nuestra familia siempre me influyó bastante. Mi padre adoraba a The Beatles y a Queen, por lo que siempre nos ponía algo suyo para que lo escucháramos. Solía cantar las canciones pese a que no tenía ni idea de inglés. Mi madre, aunque tenía un gusto muy variado, solía tirar más hacia lo latino, en concreto Gloria Estefan. El coche se llenaba de ritmos latinos y todos bailábamos sus canciones.
La hermana de mi madre siempre nos ponía Mecano, por lo que acabábamos sabiéndonos todas las canciones y pidiendo que nos grabaran una cinta. Yo en concreto me sabía todas y cada una de sus letras. No me cansaba, pedía que me lo pusieran una y otra y otra vez.
El hermano de mi madre siempre ponía música electrónica y, pese a que no nos llamaba tanto la atención, no solíamos pedir que lo quitaran. Mi otra tía por parte de madre era fan incondicional de Lenny Kravitz y Michael Jackson, que acabaron siendo unos grandes influyentes en mi vida.
De hecho, mi padre aún conserva un vinilo de Thriller que nos ponía a veces. Recuerdo lo que nos asustaba el inicio del gran éxito de Michael y la cantidad de veces que acabamos viendo el vídeo un par de años después. Con los tres hermanos adorando tanto al Rey del Pop era solo cuestión de tiempo que acabáramos cantando sus canciones a voz en grito por la casa.
Con el paso del tiempo empecé a crear mi propio gusto musical, siempre influenciado por las radios nacionales o por las películas que veía. Apenas salía del pop, pero poco a poco me fue alejando de ese mundillo para meterme de lleno en la música Rock.
Creo recordar que el detonante fue Linkin Park. A los tres nos encantaba esa forma que tenían de mezclar el rock con el rap así que no tardamos demasiado en aprendernos sus canciones y en seguirles los pasos. A raíz de aquí mi hermana se fue más hacia el lado del rap, yo hacia el rock y mi hermano se quedó como estancado en medio.
Creciendo con la música de la mano fue eligiendo lo que me gustaba y lo que no, descartando aquellas canciones que me hacían sentir indiferente y quedándome con esas que me lo removían todo por dentro. Avanzando por el camino del rock y alejándome cada vez más del pop.
Eso que tanto había leído de no poder vivir sin música era aplicable a mí, aunque se volvió literal con el paso de los años. Momentos malos, terribles, de encierro y lágrimas, de soledad y dolor en los que lo único que tenía era la música. Los ritmos de 30 seconds to Mars fueron los que me acompañaron durante el túnel y por los que me afiancé en este estilo musical.
“And for me,  if music wasn’t around right now I wouldn’t be around right now”
Tomé clases de guitarra durante unos años, seis para ser más concretos. Todo el mundo me decía que era buena, que tenía buen oído, pero a mí me aburría demasiado tener que ensayar. Pese a que había querido apuntarme por mí misma, pasado el sexto curso lo dejé.
Mi hermano estaba aprendiendo percusión y como me llamó la atención decidí probarlo. Tan sólo aguanté un año porque al final me comía mucho tiempo y como no ensayaba lo suficiente me regañaban en clase. Pero lo disfruté muchísimo. El sonido de la batería acompasándose a los latidos de tu corazón…
Siempre con los auriculares colgando del cuello y el iPod en el bolsillo. Tarareando canciones cuando no hay nada sonando. Siguiendo el ritmo con el pie cuando la música llena la habitación.
Llorando con esas canciones que parecen estar inspiradas en cómo te sientes. Sonriendo con esas que te recuerdan algún momento especial. Llevando una banda sonora propia a todas partes.





Motivo número 2 para ser feliz:

1 comment :

  1. No podría expresar lo que es para mí, pero me siento muy cercana a tus palabras.
    En mi casa siempre sonaba música, aunque luego me fui forjando mi propio gusto, que se distanció de la gente de mi alrededor.
    La historia de mi vida se podría escribir con letras y melodías que han pasado por ella.
    La música me ha permitio hundirme mientras me sostenía y me ha vuelto a levantar. La música me ha enseñado a ser fuerte, a luchar, a no rendirme, a soñar...
    Hay gente que espera que se te "pase" cuando vas cumpliendo años. Yo sigo escuchando música todos los días. Sigo emocionándome. Sigo fangirleando.
    Honestamente no sé si sabría quien soy ni si estaría aquí si no fuera por ella.

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